"...Mientras el néctar fluía a través de mi cuerpo, se produjo otra visión. En el
pasillo resonaban las carcajadas de la Reina; ella corría delante de mí, juvenil,
felina, despreocupada, sin importarle su dignidad. Me indicó que la siguiera. Al
salir al exterior vi a Marius sentado bajo las estrellas, en su mullido e informe
jardín. Ella lo señaló. Marius se puso de pie y me abrazó. Su larga cabellera
constituía un magnífico adorno.
Comprendí lo que ella deseaba. Fue a Marius a quien besé en esta visión
mientras bebía la sangre de la Reina; fue con Marius con quien bailé. Una lluvia
de pétalos de flores cayó sobre nosotros como sobre una pareja nupcial en
Roma; Marius me sostenía del brazo como si acabáramos de casarnos, y la
gente no cesaba de cantar alrededor de nosotros. La nuestra era una felicidad
sin mácula, una felicidad tan intensa que algunos jamás pueden
experimentarla..."